domingo, 16 de octubre de 2016

El frasco de la calma: ¿magia o ciencia?


A todos nos gustaría tener una varita mágica para poder controlar las rabietas, enfados o momentos de estrés de los peques, pero a diferencia de las matemáticas, el mundo de las emociones no son ciencias exactas.  Sin embargo, hay técnicas que pueden favorecer este control y, ´por ello,  me parece muy interesante que, tanto en casa como en las escuelas, tengamos conocimiento de ellas, ya que con su práctica y con su adecuado uso se podrían evitar y solucionar muchas situaciones desagradables.



FRASCO DE LA CALMA
Origen de la idea: Maria Montessori

Educadora, científica, médica, psiquiatra, filósofa, antropóloga, bióloga, psicóloga, feminista y humanista. Su trayectoria profesional le precede y si por algo ha trascendido la vida y obra de esta mujer, es por su faceta como pedagoga y sus revolucionarios métodos de enseñanza, con una consolidada base científica.

¿QUÉ ES?

El frasco de la calma consiste en un bote preferiblemente de cristal (se puede sustituir por uno de plástico transparente), cuyo contenido es la mezcla de agua, pegamento líquido transparente y purpurina de colores. La observación por parte del niño del movimiento de esta mezcla al agitarse hace que se tranquilice, pues como bien explica su nombre, su objetivo es calmar el estado de ánimo de los peques durante sus rabietas, ataques de llanto o situaciones de estrés.


JUSTIFICACIÓN CIENTÍFICA 

Al contarlo parece que se tratara de un acto de magia, pero no es así, pues María Montessori dio una explicación científica, ya que explicó que el frasco permite a los pequeños organizar y centralizar su sistema nervioso central en un estímulo concreto. Cuando el peque está estresado, su ritmo cardíaco y  respiración se aceleran y su mente se bloquea.

Ejemplo:
Muchas veces le preguntamos a un niño cuando tiene una rabieta: pero ¿por qué lloras? y no sabe decir la razón. 


Sin embargo, al concentrarse en la lenta caída de la brillantina y sus formas, se genera una orden inconsciente que comunica al cerebro que disminuya la agitación. Poco a poco, se crea una relación entre este patrón visual y la calma. 

Según Maria Montessori, el frasco de la calma hace la misma función que lo hace el yoga, la meditación o el ejercicio de mirar una vela, sólo que de alguna manera está adaptado a los más pequeños.


CÓMO USARLO

El frasco de la calma debe ser utilizado en el momento en el que el niño tenga un impulso de histeria, con calma se le debe entregar el frasco y pedirle que se calme y se enfoque en los destellos de la purpurina, mientras se enfoca decirle que agite el frasco, y es importante  hablarle con cariño, hacer que respire profundo y tranquilo.

Ante todo hay que tener claro que el frasco de la calma es una técnica de control de estrés, y debe utilizarse adecuadamente. Con ello quiero decir, que la tranquilidad por parte del adulto para mostrarle el frasco debe ir siempre presente.

Cada niño es único y va a responder de manera diferente, puesto que como  técnica que es,  y como cualquier otro aprendizaje, requiere de cierta práctica. No por enseñarle el bote sin más, el niño se va a calmar, sino que debemos tener paciencia.

Es muy importante que no se entienda ni se transmita como un acto de castigo cuando tiene la rabieta, es decir, no mandarle en forma de enfado o castigo a mirar el frasco de la calma, porque probablemente desaparezca toda su efectividad.

Debe estar en un lugar tranquilo, donde el niño pueda cogerlo cuando conozca su uso, Hasta que llegue ese momento, seremos nosotros quienes les demos la oportunidad de observarlo.

Es una técnica que se recomienda empezar a poner en práctica entre los 2 y los 5 años.


CÓMO FABRICARLO

Para todos los beneficios que aporta, da la sensación de que va a tratarse de algo muy complejo de realizar y, sin embargo, es de lo más sencillo. Cuando vi los ingredientes me di cuenta de que era súper asequible fabricarlo y cuando vi varios vídeos de youtube explicando cómo se hacía, ya me lancé del todo a probarlo.

Hay unos ingredientes básicos, que son el agua; un producto para espesar el agua (puede ser pegamento líquido transparente, glicerina líquida, gomina, gel transparente, etc.);  purpurinas de colores; y colorante alimenticio si se quiere dar un color concreto al bote.

De todas los ejemplos que vi,  me quedé con la siguiente elección:



1º. Bote de plástico transparente: me decidí de plástico para evitar roturas en un primer intento. El bote no es demasiado grande, para que los peques lo puedan manejar bien con sus manitas, y es preferible que sea más alto que ancho, con el fin de que se aprecie mejor la caída de la purpurina.

2º. Agua caliente: primero llenar hasta la mitad

3º. Pegamento líquido escolar (para espesar el agua): cuanto más le echemos, más se espesará y más lenta bajará la purpurina.

4º. Glicerina pura líquida (para espesar el agua): cuanto más le echemos, mas se espesará y más lenta bajará la purpurina.

5º. Colorante alimenticio (unas gotas del color que se quiera)

6º. Purpurinas diversas y demás elementos brillantes (estrellitas, perlitas, etc.)

7º.  Se remueve todo muy bien y se llena hasta el borde del bote con agua.

8º. Pistola de silicona para sellar la tapa al terminar de fabricarlo.

9º. Aquí tenemos el frasco de la calma: cuando se agita es cuando se aprecia su movimiento interior



Os dejo imágenes de frascos de la calma que he visto por internet, para que veáis que hay muchas opciones para decorarlo y para darle color. 



2 comentarios:

Cristina López Durán dijo...

Me encanta, en la guarde también los hemos hecho este año. Ahora quiero hacer uno para casa. Y funcionan de verdad. Se relajan muchísimo viendo caer la purpurina.

Rosa dijo...

Graciasss. Me alegro de que lo tengais en la guarde, porque desde pequeñines pueden experimentarlo. Hay tantas cosas que probar y materiales ue poder hacer,que a veces nos falta tiempo, pero lo importante es que sobre ilusión y ganas. Un saludo